Resulta que ahora mi tormenta no quiere tus truenos.
viernes, 5 de agosto de 2011
Make me feel better.
El sabor de tus besos. Una buena conversación. FLUIR. Abandonarme en mi galaxia paralela. Perderme entre el gentío de una gran ciudad. Sentir el frió de la montaña. Respirar hondo. La calidez de la amistad verdadera. Fallar, equivocarme y saber rectificar. TOCARTE. Conseguir disfrutar del presente de forma prolongada. Saber perdonar. Un baño en alta mar. Sentirme minúsculo en la inmensidad. Hacerme gigante en tus caricias, Dormir en el desierto. Contemplar la hoguera de tu cuerpo. Canalizar el miedo. Reír hasta llorar. La luz y la oscuridad. Viajar sin día de retorno. Volver a casa y....
miércoles, 27 de abril de 2011
Ho Voglia di te.
- Precisamente estaba pensando en ti... ¡estaba a punto de llamarte!
- Tengo ganas de ti.
- No has dicho "tengo ganas de verte", sino "tengo ganas de ti..."
- ¡Si, y te lo repito!
- Yo también tengo ganas de ti...
No dice nada más, abre el portal... Subo los escalones, veloz, como un rayo hasta el último piso, sin pararme, incluso de cuatro en cuatro. Y cuando llego se abre el ascensor, es ella.
Besándola, sin tregua, sin dejarla respirar.
Le robo la fuerza, el sabor, los labios, le robo hasta las palabras. En silencio. Un silencio hecho de suspiros, de su camiseta que se abre, del gancho de su sujetador que salta, de nuestros pantalones que se bajan, de la barandilla que se mueve, de ella que se ríe haciendo "shhh" para que no la oigan, de ella que suspira para que yo no me corra, al menos no enseguida. Y extrañas posturas en aquella trampa de piernas... Después cabalgarla otra vez y correr juntos, nosotros, estúpidos, salvajes, apasionados, caballos enamorados... sí, enamorados.
Su cabeza hacia atrás, su pelo suelto, se mueven frenéticos, casi querrían saltar, como nuestro deseo. Ella se acerca a mi oído lentamente, susurra despacio:
- Me corro...
Pero un último beso nos hace corrernos juntos.
Casi exhausta, suda mojada... Con el pelo que se le pega a la cara y se ríe con ella. Nos abrazamos juntos así, acurrucados en el suelo, vencidos. Esperando un inútil veredicto: empatados en puntos... Y sonriendo nos besamos.
Me escondo entre su pelo, me apoyo en su cómodo pecho. Descanso tranquilo. Mis labios cansados, felices, satisfechos en busca de una sola respuesta:
- Gin...
- ¿Sí?
- No me dejes...
No se por qué, pero lo digo. Y casi me arrepiento.
Ella se queda un momento en silencio. Después, cariñosa, coge mi cabeza entre sus manos y me mira. No es una pregunta. No es una respuesta. Me da un beso y otro, y otro más. No dice nada más, sólo me sigue besando.
Y yo sonrío.
Y acepto encantado esa respuesta.
- Tengo ganas de ti.
- No has dicho "tengo ganas de verte", sino "tengo ganas de ti..."
- ¡Si, y te lo repito!
- Yo también tengo ganas de ti...
No dice nada más, abre el portal... Subo los escalones, veloz, como un rayo hasta el último piso, sin pararme, incluso de cuatro en cuatro. Y cuando llego se abre el ascensor, es ella.
Besándola, sin tregua, sin dejarla respirar.
Le robo la fuerza, el sabor, los labios, le robo hasta las palabras. En silencio. Un silencio hecho de suspiros, de su camiseta que se abre, del gancho de su sujetador que salta, de nuestros pantalones que se bajan, de la barandilla que se mueve, de ella que se ríe haciendo "shhh" para que no la oigan, de ella que suspira para que yo no me corra, al menos no enseguida. Y extrañas posturas en aquella trampa de piernas... Después cabalgarla otra vez y correr juntos, nosotros, estúpidos, salvajes, apasionados, caballos enamorados... sí, enamorados.
Su cabeza hacia atrás, su pelo suelto, se mueven frenéticos, casi querrían saltar, como nuestro deseo. Ella se acerca a mi oído lentamente, susurra despacio:
- Me corro...
Pero un último beso nos hace corrernos juntos.
Casi exhausta, suda mojada... Con el pelo que se le pega a la cara y se ríe con ella. Nos abrazamos juntos así, acurrucados en el suelo, vencidos. Esperando un inútil veredicto: empatados en puntos... Y sonriendo nos besamos.
Me escondo entre su pelo, me apoyo en su cómodo pecho. Descanso tranquilo. Mis labios cansados, felices, satisfechos en busca de una sola respuesta:
- Gin...
- ¿Sí?
- No me dejes...
No se por qué, pero lo digo. Y casi me arrepiento.
Ella se queda un momento en silencio. Después, cariñosa, coge mi cabeza entre sus manos y me mira. No es una pregunta. No es una respuesta. Me da un beso y otro, y otro más. No dice nada más, sólo me sigue besando.
Y yo sonrío.
Y acepto encantado esa respuesta.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Ojalá hubiera tenido a mano una linterna pequeña; y un cepillo de dientes también. Tantear en la oscuridad a la mañana siguiente no facilitaba las cosas. Por lo menos había encontrado el sujetador y un zapato; y cuando palpó la banda elástica de las bragas, soltó una exclamación de pura satisfacción.
El sujetador, un zapato y las bragas.Tendría que marcharse solo con eso. EL bolso estaría abajo, donde lo había dejado. Dentro había unas pastillas mentoladas y dinero para tomar un taxi. Habría asesinado a alguien por conseguir un café. Habría mutilado a quien fuese por oler el aroma del café.
Siguió examinando el suelo a cuatro patas y exclamó mentalmente "¡Ajá!" cuando tropezó con el zapato que le faltaba.
El sujetador, un zapato y las bragas.Tendría que marcharse solo con eso. EL bolso estaría abajo, donde lo había dejado. Dentro había unas pastillas mentoladas y dinero para tomar un taxi. Habría asesinado a alguien por conseguir un café. Habría mutilado a quien fuese por oler el aroma del café.
Siguió examinando el suelo a cuatro patas y exclamó mentalmente "¡Ajá!" cuando tropezó con el zapato que le faltaba.
domingo, 20 de febrero de 2011
Mirada traviesa.
lunes, 14 de febrero de 2011
Hoy, por suerte o por desgracia es uno de esos días
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tratas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ries
(tú risa es como una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
<< Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno >>
Luís Alberto de Cuenca.
jueves, 3 de febrero de 2011
¿Te vienes conmigo al rascacielos más alto de Nueva York?
Ven conmigo, acompáñame al sitio más alto. Vamos a callar a toda la ciudad con nuestros gritos...¿Quieres hacer una locura conmigo? Desnúdate, túmbate y bésame mientras miramos las estrellas de este paraíso. Olvídate de que el mundo nos rodea, el mundo es solo nuestro.
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